Secretariado P. J. Kentenich Santuario de San Isidro

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viernes, 15 de marzo de 2019

Las raìces de Schoenstatt en la infancia y juventud del Padre J. Kentenich


Referencias históricas

...Hay que recordar, a modo de premisa, que a lo largo de toda la historia de la Familia yo jamas aparezco solo. Siempre lo hago, por un lado, en un intimo y vivo contacto con la Santísima Virgen y, por otro, jamás sin una semejante y muy íntima unión  con los seguidores. Por eso con todo derecho puedo decir: Para mi el "Nada sin ti" se refiere no sòlo  a la Santísima Virgen sino también a los seguidores. Con razón se puede decir entonces que lo que se ha gestado constituye una obra común en el sentido aludido.

No he utilizado casual ni impensadamente la vida espiritual de mis seguidores como fuente de conocimiento y campo de siembra. No; siempre lo hice con plena conciencia de la existencia de un determinado plan divino. No se tratò mera o fundamentalmente de una comunidad de trabajo.
El fundamento fue siempre una comunidad espiritual, profunda y abarcadora, un incomparable estar el uno en el otro con el otro y para el otro.

Asì fue desde el principio. Lo que en 1942 surgió con gran fuerza y buscó perpetuarse en el tiempo sucesivo en el acto de seguimiento y en el acto filial,ha de ser considerado sòlo  como punto culminante de una corriente que fue creciendo año tras años hasta romper  todo dique. El ideal  de la Familia, palpitaba ya desde hacia mucho tiempo, y en profundidad, antes de que fuera proclamado sistemáticamente. En suma, no estoy en la historia de la Familia como individuo aislado, sino siempre como Cabeza de la Familia.

Se podría aducir innumerables pruebas de esta íntima comunidad y de la identidad entre la historia de mi alma y la historia de la Familia. Destaco dos: En primer lugar, pienso en una jaculatoria que se fue arraigando  lentamente en mi, y cuyos comienzos de remontan a mi temprana infancia.
"Dios te salve, Marìa,
por tu pureza,
conserva puros mi alma y mi cuerpo,
ábreme ampliamente tu corazón y el corazón de tu Hijo,
dame almas, y todo lo demàs tómalo para ti".


No debería resultar difícil descubrir en ella la raíz de la cual broto y se nutriò màs tarde toda la espiritualidad de la Familia.

En segundo lugar, el acontecimiento que el ensayo llama "consagración a la Santísima Virgen", que incidiera en la vida del niño de nueve años y se fuera desarrollando con el transcurso de los años. No quiero descorrer todavía el velo que cubre este misterio. Si se lo llama "consagración  a la Santísima Virgen", hay que agregar que tuvo una impronta especial. Los historiadores del futuro, comprobaran con facilidad que efectivamente en esa consagración ya se hallaba germinalmente toda la Obra de Schoenstatt.

Hay dos aspectos en el ensayo que quisiera ratificar con particular énfasis: La total soledad interior y la consecuente y completa crisis de contacto humano, y la interpretación que se hace de dicha soledad.

Indudablemente existen muchos hombres cuya adolescencia  presentò similares características. Examinando objetivamente el fenómeno , y comparándolo con otros casos me parece que su grado, amplitud y duración adquirieron una magnitud extraordinaria. Posteriormente el sentido de ello habría de resultar fácilmente comprensible:En lo posible el alma había de quedar exenta de toda influencia ajena, particularmente de índole personal , 
para permanecer asì abierta , con todas sus fibras , a la verdadera maestra de mi vida y su fuerza formadora y educadora. Me refiero a la Santísima Virgen. Ella ocupa ese lugar en mi vida no desde ayer o anteayer , sino que está viva en mi consciente desde temprana edad. Resulta difícil comprobar desde qué momento me consideré y estimé por completo como su obra e instrumento. Este proceso se remonta hasta mi más tierna infancia. Teniendo en cuenta esta realidad se podrá comprender también por qué más adelante me cerré a la influencia de Pallotti. En la medida  de lo posible quería depender y seguir dependiendo sólo de la Santísima Virgen . Naturalmente ella ha de ser vista aquí siempre como símbolo y en conexión con Jesús y con el Dios Trino.

En los años pasados, muchísimas veces me sentí como un anacoreta  en medio de un gran yermo. Y sin embargo, siempre me vi unido a la Santísima Virgen en su calidad  de gran maestra de mi vida interior y exterior.

Desde que se fundó la Familia, mi constante propósito fue mantenerla en estrechísima  unión  a la Santísima Virgen. Por eso   en años posteriores ocurría a menudo que yo anunciara cursos  sobre distintas áreas temáticas , pero sin decidirme finalmente a dar dichos cursos, porque me parecía descubrir en el firmamento algunas nubecillas que me advertían que la Familia corría el peligro, si no de perder, al menos de debilitar su raíz nutricia , el amor a la Santísima Virgen.

En ese sentido hay que interpretar asimismo las palabras Servus Mariae nunquam peribit. 
En toda mi labor jamás se puso en el primer plano a mi propia persona y a mis propios planes, sino siempre a la Santísima Virgen( más tarde, lógicamente , en su unión con Schoenstatt en cuanto lugar y Familia) en su ser, misión y obra. Recién la visitación y la disputa que ella generara en torno del lugar que yo ocupaba, me llevó a reflexionar sobre mi persona, en lo que hace a su impronta original, su posición y su misión. En esos años , cuando me esforzaba por discernir el plan de Dios para conmigo, siempre lo hacía, en el fondo de mi alma, en unión con la MTA.
Y así acontecía también cuando yo no hiciese ninguna referencia explicita a ello.

Tan fuertemente se ha desarrollado en mí la conciencia instrumental y la conciencia de misión. 



 





















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