Secretariado P. J. Kentenich Santuario de San Isidro

Blog con contenidos de la Vida y Obra del Padre J. Kentenich

viernes, 15 de marzo de 2019

Las raìces de Schoenstatt en la infancia y juventud del Padre J. Kentenich


Referencias históricas

...Hay que recordar, a modo de premisa, que a lo largo de toda la historia de la Familia yo jamas aparezco solo. Siempre lo hago, por un lado, en un intimo y vivo contacto con la Santísima Virgen y, por otro, jamás sin una semejante y muy íntima unión  con los seguidores. Por eso con todo derecho puedo decir: Para mi el "Nada sin ti" se refiere no sòlo  a la Santísima Virgen sino también a los seguidores. Con razón se puede decir entonces que lo que se ha gestado constituye una obra común en el sentido aludido.

No he utilizado casual ni impensadamente la vida espiritual de mis seguidores como fuente de conocimiento y campo de siembra. No; siempre lo hice con plena conciencia de la existencia de un determinado plan divino. No se tratò mera o fundamentalmente de una comunidad de trabajo.
El fundamento fue siempre una comunidad espiritual, profunda y abarcadora, un incomparable estar el uno en el otro con el otro y para el otro.

Asì fue desde el principio. Lo que en 1942 surgió con gran fuerza y buscó perpetuarse en el tiempo sucesivo en el acto de seguimiento y en el acto filial,ha de ser considerado sòlo  como punto culminante de una corriente que fue creciendo año tras años hasta romper  todo dique. El ideal  de la Familia, palpitaba ya desde hacia mucho tiempo, y en profundidad, antes de que fuera proclamado sistemáticamente. En suma, no estoy en la historia de la Familia como individuo aislado, sino siempre como Cabeza de la Familia.

Se podría aducir innumerables pruebas de esta íntima comunidad y de la identidad entre la historia de mi alma y la historia de la Familia. Destaco dos: En primer lugar, pienso en una jaculatoria que se fue arraigando  lentamente en mi, y cuyos comienzos de remontan a mi temprana infancia.
"Dios te salve, Marìa,
por tu pureza,
conserva puros mi alma y mi cuerpo,
ábreme ampliamente tu corazón y el corazón de tu Hijo,
dame almas, y todo lo demàs tómalo para ti".


No debería resultar difícil descubrir en ella la raíz de la cual broto y se nutriò màs tarde toda la espiritualidad de la Familia.

En segundo lugar, el acontecimiento que el ensayo llama "consagración a la Santísima Virgen", que incidiera en la vida del niño de nueve años y se fuera desarrollando con el transcurso de los años. No quiero descorrer todavía el velo que cubre este misterio. Si se lo llama "consagración  a la Santísima Virgen", hay que agregar que tuvo una impronta especial. Los historiadores del futuro, comprobaran con facilidad que efectivamente en esa consagración ya se hallaba germinalmente toda la Obra de Schoenstatt.

Hay dos aspectos en el ensayo que quisiera ratificar con particular énfasis: La total soledad interior y la consecuente y completa crisis de contacto humano, y la interpretación que se hace de dicha soledad.

Indudablemente existen muchos hombres cuya adolescencia  presentò similares características. Examinando objetivamente el fenómeno , y comparándolo con otros casos me parece que su grado, amplitud y duración adquirieron una magnitud extraordinaria. Posteriormente el sentido de ello habría de resultar fácilmente comprensible:En lo posible el alma había de quedar exenta de toda influencia ajena, particularmente de índole personal , 
para permanecer asì abierta , con todas sus fibras , a la verdadera maestra de mi vida y su fuerza formadora y educadora. Me refiero a la Santísima Virgen. Ella ocupa ese lugar en mi vida no desde ayer o anteayer , sino que está viva en mi consciente desde temprana edad. Resulta difícil comprobar desde qué momento me consideré y estimé por completo como su obra e instrumento. Este proceso se remonta hasta mi más tierna infancia. Teniendo en cuenta esta realidad se podrá comprender también por qué más adelante me cerré a la influencia de Pallotti. En la medida  de lo posible quería depender y seguir dependiendo sólo de la Santísima Virgen . Naturalmente ella ha de ser vista aquí siempre como símbolo y en conexión con Jesús y con el Dios Trino.

En los años pasados, muchísimas veces me sentí como un anacoreta  en medio de un gran yermo. Y sin embargo, siempre me vi unido a la Santísima Virgen en su calidad  de gran maestra de mi vida interior y exterior.

Desde que se fundó la Familia, mi constante propósito fue mantenerla en estrechísima  unión  a la Santísima Virgen. Por eso   en años posteriores ocurría a menudo que yo anunciara cursos  sobre distintas áreas temáticas , pero sin decidirme finalmente a dar dichos cursos, porque me parecía descubrir en el firmamento algunas nubecillas que me advertían que la Familia corría el peligro, si no de perder, al menos de debilitar su raíz nutricia , el amor a la Santísima Virgen.

En ese sentido hay que interpretar asimismo las palabras Servus Mariae nunquam peribit. 
En toda mi labor jamás se puso en el primer plano a mi propia persona y a mis propios planes, sino siempre a la Santísima Virgen( más tarde, lógicamente , en su unión con Schoenstatt en cuanto lugar y Familia) en su ser, misión y obra. Recién la visitación y la disputa que ella generara en torno del lugar que yo ocupaba, me llevó a reflexionar sobre mi persona, en lo que hace a su impronta original, su posición y su misión. En esos años , cuando me esforzaba por discernir el plan de Dios para conmigo, siempre lo hacía, en el fondo de mi alma, en unión con la MTA.
Y así acontecía también cuando yo no hiciese ninguna referencia explicita a ello.

Tan fuertemente se ha desarrollado en mí la conciencia instrumental y la conciencia de misión. 



 





















Para que la Comunicación se mantenga objetiva y fiel a la vida.






https://www.schoenstatt.org/es/reflexiones/comunicacion/2019/03/para-que-la-comunicacion-se-mantenga-objetiva-y-fiel-a-la-vida/

sábado, 15 de diciembre de 2018

CARTA PADRE JOSE KENTENICH - 13 DE DICIEMBRE 1965 A SU FAMILIA DE SCHOENSTATT




Carta de nuestro Padre y Fundador, José Kentenich, a su Familia de Schoenstatt



                                                                                          Roma, 13 de diciembre de 1965


Querida Familia de Schoenstatt:
                                                           La próxima fiesta de Navidad nos impulsa más que nunca a volver la mirada hacia los años pasados. El corazón, el entendimiento, la memoria y la fantasía se concentran en la fiesta de Navidad  de 1941 y los sucesos que la rodean. Los puntos de comparación entre los hechos de aquel entonces y los de hoy son muchos e importantes.
            En el centro se halla el “milagro de la Nochebuena” y la “visión de la Candelaria”. La Familia está hondamente compenetrada del significado de ambos acontecimientos, por lo que, es superfluo hacer consideraciones al respecto.
            El milagro de la Nochebuena es para nosotros una intervención singular de lo divino en nuestra Familia, y una irrupción en el interior de cada uno, como también una manifestación de Dios en cada personalidad y en la comunidad. Como comprobación exterior y visible de esta compenetración divina y de la elevación del individuo y de la comunidad, esperábamos la caída de las cadenas exteriores que pesaban sobre la Obra y sobre sus instrumentos. Tanto lo uno como lo otro se hizo realidad plena, durante y después de la primera prisión.
            La segunda prisión, desde 1951 a 1965, hizo que en nosotros se albergaran las mismas grandes esperanzas y el mismo anhelo. El 22 de octubre de 1965, mirando retrospectivamente los catorce años transcurridos, pudimos cantar con más razón que en 1945 nuestro “Cántico de gratitud”. Pudimos constatar que no sólo habían caído las pesadas cadenas exteriores sino también las cadenas interiores, y en tal medida, que la Familia aún no tomó conciencia de cuán grande es el espíritu de la propia libertad a fin de estar disponible para Dios, su voluntad y sus deseos.
            Aún hoy no comprendemos totalmente cómo se ha realizado la nueva imagen del Padre, del hijo(a) y de la comunidad. Es una realidad que, esperamos, llegue a ser un regalo perenne para todas las generaciones de nuestra Familia. Esto no significa que hasta el momento no hayamos poseído una idea clara de esta triple imagen. Además sabemos que los rasgos particulares, año tras año, se grabaron y se acentuaron más en cada individuo y en la comunidad. Asimismo, sabemos que esta triple imagen será, hasta el fin de nuestra vida, capaz de desarrollarse y transformarse, hasta que en la visión beatífica (en el Cielo) adquiera su forma definitiva. Pero no debemos dejar de ver cuán profundamente se hizo realidad esta transformación al término de la segunda prisión.
            Esto es válido, en primer lugar, para la imagen del Padre. Dios fue siempre, para nosotros, el Padre del amor. Lo demuestra la marcada acentuación de la ley fundamental del mundo que ha determinado y compenetrado desde un principio el espíritu de nuestra Familia. Sabemos, no sólo teórica sino también prácticamente, que la razón del obrar divino es, en último término, el amor. Todo lo que de Él emana proviene del amor, actúa por medio del amor y para el amor. Siempre consideramos que nuestra misión especial es hacer de esta ley divina, de esta ley fundamental del mundo, la ley de nuestra vida y educación. Sabíamos también que en ese amor de Dios teníamos que incluir como característica fundamental, su misericordia. Pero lo que resulta nuevo para nosotros es la grandeza extraordinaria de ese amor divino y misericordioso.
            Hasta ahora nos guió más la creencia en el amor justo de Dios, es decir, en cierto modo pensábamos que merecíamos ese amor a causa de nuestras buenas obras y sacrificios de toda índole. Seguiremos manteniendo esa confiada  convicción y nos esforzaremos por alegrar al Padre celestial de esta forma; pero, tratándose de la valorización de nuestras obras, tenderemos a no conceder tanta importancia a nuestra cooperación personal.
            Lo más importante para nosotros es Dios: el Padre y su amor misericordioso. Como venimos enseñando desde el comienzo de la historia de nuestra Familia, Dios no nos ama porque  nosotros seamos buenos y nos hayamos portado bien, sino precisamente porque es nuestro Padre. Porque su amor misericordioso fluye con más riqueza hacia nosotros cuando aceptamos con alegría nuestros límites, nuestras debilidades y miserias, porque las consideramos como razón esencial para que su corazón se abra y nos compenetre su amor.
            Por eso, en lo sucesivo, y más que nunca, reconoceremos tener ante Dios dos derechos: su infinita misericordia y nuestra miseria insondable. Con agrado unimos las manos y rezamos: “Querida Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt, vela para que nos experimentemos hijos del Rey, hijos miserables y dignos de misericordia, y de este modo vivamos convencidos de que somos predilectos del amor paternal e infinitamente misericordioso de Dios Padre”.
            Con esto hemos descrito, a nuestro modo, la imagen paternal de Dios que tuvo Santa Teresita del Niño Jesús (de Lisieux) y la hemos elegido como ideal. Tal como ella quisiéramos ser, en adelante, no tanto una ofrenda de la justicia, sino una ofrenda de la misericordia. Es decir, que no nos apoyaremos tanto en lo bueno que hayamos hecho, ni en el derecho a una merecida recompensa, sino que confiaremos en todas las circunstancias en la infinita misericordia del Padre Dios y también en nuestra propia miseria, en tanto la aceptemos alegres y seamos conscientes de que así- y de un modo especial- atraeremos la misericordia de Dios sobre nosotros, sobre nuestra Familia, sobre la Iglesia y el mundo entero. “La Santificación de la Vida Diaria” lo expresa diciendo que la debilidad conocida y reconocida del hijo se convierte en la omnipotencia del hijo y la impotencia del Padre.
            Con esto queda caracterizada, simultáneamente, la nueva imagen del hijo: es la que pudimos vivir, experimentar, en los últimos catorce años y que queremos legar a las generaciones venideras.

            Nuestra imagen de la comunidad manifiesta rasgos supratemporales enmarcados en el contenido integral de nuestra Alianza de Amor. Desde un principio supimos que al hacer la Alianza de Amor con nuestra querida MTA deberíamos considerarla como expresión, protección, seguro y medio para llegar a la Alianza de Amor con la Santísima Trinidad y también entre nosotros. Año tras año experimentamos profundamente los estrechos vínculos que han surgido por todas esas Alianzas. Y como normalmente el grado de alianza entre nosotros estuvo determinado por el grado de alianza con el mundo sobrenatural, nos resulta fácil constatar que al finalizar la segunda prisión, la mutua fusión de corazones entre el Padre, la Madre y los hijos y de los hijos entre sí, adquirió una profundidad misteriosa y fecunda que sólo puede comprenderse hasta cierto punto, a la luz de la fe y sobre la base de la realidad de la intervención divina.
            Hoy, para nosotros, es algo lógico saber que todos formamos una inefable comunidad de destinos, de misión y de corazones, como resulta difícil hallar en otra parte. Todos han llevado la misma cruz, la cruz que desde la eternidad estaba pensada para el Padre de la Familia y que, a su debido tiempo, fue colocada sobre sus hombros. Y el peso de la cruz disminuyó porque nadie tuvo que llevarla solo. De esta forma vivimos en una comunión espiritual  con, en y por los demás, que nos hace comprender cuál es la imagen del hombre nuevo en la comunidad nueva. Al mismo tiempo, presentimos que nos acercamos a un ideal al que aspira la Iglesia del mañana, impulsada interiormente y –con derecho-a que se le pueda aplicar el elogio: “Mirad como se aman”.

            Si miramos a vuelo de pájaro los años pasados, y vemos el resultado de las disposiciones y conducciones divinas, naturalmente se despertarán y profundizarán en nosotros dos actitudes fundamentales: en primer término, la actitud de una inmensa y profunda gratitud. Agradecidos quisiéramos tomar las manos de nuestra querida Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt como expresión visible de las manos de la Santísima Trinidad. También queremos agradecernos mutuamente por la fidelidad con la que llevamos la cruz comunitaria, prometiéndonos permanecer fieles en el amor.
            Todos los regalos que recibí al cumplir ochenta años, regalos de todas las ramas y miembros de la Familia –que agradezco de todo corazón- los considero como un símbolo de la entrega indisoluble de sus corazones a mi persona, como exponente de la Familia y transparente de la Santísima Trinidad. Yo sé que así lo consideraron ustedes. Sé también que fueron símbolo de su propio corazón. El ofrecimiento y la aceptación expresa, por eso, una mutua fusión de corazones en un grado poco común dentro de la historia de la salvación.
            Evidentemente, la sabiduría paternal de Dios y la preocupación maternal de María exigen la vivencia de esta nueva comunidad como ejemplo de la nueva convivencia de la Iglesia, vivencia que los Padres conciliares desean tan fervientemente para la Iglesia en la nueva ribera y a la cual todos quisieran llegar.
            Resumiendo, vemos que el corazón y el alma no se cansan de repetir la oración de agradecimiento:

“Gracias por todo, Madre,
todo te lo agradezco de corazón,
y quiero atarme a Ti
con un amor entrañable.
¡Qué hubiese sido de nosotros
sin Ti, sin tu cuidado maternal!    

Gracias por que nos salvaste
en grandes necesidades;
gracias porque con amor fiel                          
nos encadenaste a Ti.
Quiero ofrecerte eterna gratitud
Y consagrarme a Ti con indiviso amor.”     (Hacia el Padre, Pág. 178)

            Tal como lo hacíamos antes en situaciones similares, tampoco ahora olvidamos el axioma: dones son tareas. Lo que heredamos de nuestros padres queremos conquistarlo para poseerlo, y transmitirlo a las generaciones futuras como un bien sagrado de la tradición.
            Resumiendo: este año el milagro de la Nochebuena se hizo realidad en un grado nunca alcanzado hasta ahora. Esto garantiza que año tras año será más perfecto, hasta que la Familia viva su prolongación en la Eternidad. Será algo inefablemente profundo y hermosos cuando podamos saborear y gozar eternamente en  nuestro “Schoenstatt celestial”, la nueva imagen del hijo, del Padre y de la comunidad. Cuando se hayan hecho realidad las palabras de San Agustín; “Videbimus et amabimus in fine sine fine(“al final, amaremos y contemplaremos sin fin”)  

            En torno a la fiesta de Navidad de 1941 se halla de un modo eminente la visión de la Candelaria (Fiesta del 2 de febrero: La presentación del Señor al Templo e iluminación de Simeón. Lc. 2, 25-35). Sabemos cómo interpretarla y cómo lo hicimos en aquel entonces y sabemos también cuál fue la forma que adoptó al final de la primera prisión.    Desde entonces aspiramos a la visión de la Candelaria para el Santo Padre, el Papa; es decir, para que él tenga una visión más profunda de la originalidad y espiritualidad de Schoenstatt.
            En el futuro, los historiadores deberían examinar y exponer lo que en ese sentido se ha hecho y sacrificado en el transcurso de los catorce años pasados. Las generaciones venideras se asombrarán ante la inquebrantable constancia con que la Familia supo afirmar este misterio y realizarlo.
            Al final de la segunda prisión, podemos constatar con gran alegría que le fue regalada al Santo Padre –y no en un grado mínimo- esta visión de la Candelaria tan ardientemente anhelada. Sólo así se explica que todos los decretos hayan sido anulados y, más aún, sólo así se entiende el modo en que se realizaron los hechos, es, una vez más, un fruto precioso de los ricos acontecimientos del pasado.
            Y sería útil que tanto los miembros como las ramas de la Familia trabajaran intensamente para que los obispos y cardenales de todos los continentes comprendieran dicho misterio.
            Quien piense todo esto, en la fiesta de Navidad caerá de rodillas y confesará con alegría: “¡Que hubiese sido de nosotros sin Ti!”, es decir, sin la conducción sobrenatural, incluidos los duros golpes de destino que la sabiduría divina y maternal previeron para la Familia.

            El círculo dirigente reunido aquí en Roma, vive de las grandes realidades señaladas en esta carta. Día tras día, trata de penetrar más profundamente en las conexiones internas para entender mejor los planes divinos. Cuanto más plenamente se siente la luz divina, tanto más se acentúa la necesidad de fijar –en adelante- un día al mes para recordar el gran acontecimiento que estamos viviendo*, para postgustarlo en forma renovada. Por lo tanto, se trata de un día de recuerdo y renovación, además del 18 y del 20 de cada mes, que lleve a toda la Familia hacia el mundo sobrenatural y hacia los hitos.

            Al enviar a cada miembro y a cada rama de la Familia, cordiales saludos para Navidad y Año nuevo, anhelo con ello la bendición de Dios sobre todos nosotros, en el sentido de los años pasados y sobre nuestra misión para el futuro.
           
            Con un saludo cordial y mi bendición sacerdotal,
                                                                                                                 José Kentenich.

*  El 22 de cada mes, se recuerda como “día de gratitud”,   así como el 31, “día de la misión”.


miércoles, 21 de noviembre de 2018

Celebración de los 50 años del fallecimiento del Padre Jose Kentenich



En Schoenstatt - Vallendar  -  Alemania

Padre José Kentenich

16 de noviembre de 1885

15 de septiembre de 1968

El Padre Kentenich podría decirnos como San Pablo:
" Ustedes son nuestra carta de recomendación, escrita en sus corazones, conocida y leída por todos los hombres. Evidentemente son una carta de Cristo, redactada por ministerio nuestro, escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo..." (2 Co 3,2-3).



jueves, 15 de noviembre de 2018

CENTRO INTERNACIONAL DE SCHOENSTATT - WAUKESHA, WISCONSIN USA

Tierra Sagrada...

.........El 11 de octubre de 1963, estas colinas ondulantes de la cordillera glaciar "Kettle Moraine" de Wisconsin, se convirtió en la propiedad de las Hermanas de María de Schoenstatt.
Un Santuario de Schoenstatt fue construido aquí, y un centro de educación para y en el espíritu del Movimiento de Schoenstatt.
El 11 de Octubre de 1964, siete días antes de a consagración del Santuario, el Padre Kentenich, fundador de Schoenstatt, dijo a los feligreses de su parroquia alemana...

...Le estamos pidiendo a la Madre de Dios que tome posesión de este lugar tal como ella tomó posesión de Schoenstatt, Alemania, en 1914...no sólo para América del Norte, so solo para nosotros los alemanes, sino para todo el continente, América del Norte y del Sur... para así educar desde aquí hombres y mujeres que sean capaces.... de ayudar a la Iglesia a llegar a las nuevas playas........
(ibid, pag 36)


Más tarde las Hermanas desarrollarían su centro provincial en este lugar, y los Padre de Schoenstatt obtendrían propiedad adyacente para establecer su casa central. La casa de hacienda original se ha convertido en un tesoro histórico conmemorando el desarrollo inicial de la propiedad y las visitas del Padre José Kentenich, fundador de Schoenstatt, en los años 1963-1965.

"Ella ha venido a educar a hombres y mujeres, a educar apóstoles, en su servicio, quienes tienen la gran misión de imprimir los rasgos de Cristo sobre el mundo de hoy y el mundo turbulento de 
mañana"

Aunque existían otros Santuarios de Schoenstatt en Milwaukee, ninguno de ellos pertenecía al Movimiento de Schoenstatt.
Desde 1960, se realizó esfuerzos en el área de Milwaukee para explorar las posibilidades de obtener nuestro propio terreno. Después de mucha búsqueda, oraciones y sacrificios de todas las ramas, se descubrió la propiedad.


El 23 de Agosto de 1963, un pequeño grupo de personas vino a investigar, entre ellos, el Padre Kentenich. Él escuchó atentamente la opinión de un buen amigo, corredor de bienes raíces, el Sr. Horning, mientras caminaban dejando atrás los edificios existentes en la hacienda hacia el campo abierto.En el lugar que muestra la foto el Padre Kentenich estuvo de acuerdo con que la propiedad debería comprarse.  Una medalla de la Virgen fue bendecida y enterrada. Se rezó y el fundador dio su bendición a la propiedad. Un testigo luego afirmó: " Nuestra alegría no tenía límites"

















domingo, 21 de octubre de 2018

Los años de Milwaukee Padre José Kentenich


Años del Padre José Kentenich en Milwaukee


El Padre Kentenich contaba con 66 años de edad, cuando el Santo Oficio decretó su exilio. El lugar del destierro Milwaukee, junto al lago Michigan, es la mayor ciudad del Estado de Wisconsin en los Estados Unidos. En el transcurso del siglo xix se habían establecido allí numerosos inmigrantes de lengua alemana, y entre ellos no pocos católicos. Los primeros obispos y arzobispos  de la diócesis de Milwaukee, que se erigió en 1843, al separarse el obispado de Detroit , procedían todos de inmigrantes alemanes. J.M.Henni, Michael Heiss, Franz X. Katzer y Sebastian G. Messmer.
En el año 1921 comenzaron los palotinos alemanes la cura de almas en la Parroquia Santa Cruz y se hicieron con el convento próximo de los padres capuchinos. Después de la segunda guerra mundial, una parte de las fundaciones de los palotinos en los Estados Unidos se agrupó para formar la provincia de la Madre de Dios y se escogió Milwaukee para sede de la curia provincial. El primer provincial fue el Padre Otto Bonki, que había sido alumno del Padre Kentenich en la época de los comienzos de Schoenstatt. 
Cuando el Padre Kentenich llegó a Milwaukee , era provincial el Padre Haas, de Limburgo de Lahn.
¿ Qué pensaba el Padre Kentenich de su situación, de su separación de la Obra y de su destierro? Podemos saberlo por las cartas que escribió inmediatamente de su  despedida de Schonstatt, unas en Suiza y otras en Roma.
"¿Será ya tiempo de escribir unas palabras a la peña de amigos?" , dice una carta  del 18 de noviembre de 1951, escrita desde el convento de Sión (Suiza) al circulo de sus colaboradores más íntimos de Schonstatt. "Es casi superfluo Dios habla claramente através de las circunstancias. La Santísima Virgen nos ayudará a soportar el tiempo de la prueba y a comprenderla. Si veo bien la cosa, la Iglesia quiere probar nuestra obediencia para reconocer si la Obra  y su representante están bajo el signo de Dios. No debemos olvidar que nos hemos hecho muy fuertes y que se teme - con razón  o sin razón , dejemóslo aparte - que "constituimos un cisma latente", cuya cabeza debe ser sometida a pruebas especiales. Si las raíces centrales de un árbol se hunden más en la tierra gracias a la tempestad, y el árbol se capacita así para resistir tormentas y huracanes más violentos , otro tanto tiene que ocurrirnos a nosotros. 
Con el crisol de la prueba comienza una nueva etapa en la historia de la Familia. Pronto nos encontraremos otra vez en un nivel superior, armados con nuevas armas para las batallas que le van a presentar a la Iglesia.  Demostraremos ahora nuestra fidelidad a ella, aceptando y soportando todas las pruebas que luego, - así hemos de esperarlo - seremos encontrados dignos de prestarle mayores servicios. Si vivís el espíritu del 20 de enero de (1942) , las circunstancias no os extraviarán ni os sacudirán. Al contrario os alegraréis de que los planes de la omnipotencia , del amor y de la sabiduría de Dios, se realicen tan palpablemente en nosotros. En todo esto tenéis que ver una señal de la autenticidad de nuestra misión. Aun cuando andemos en tinieblas , estamos siempre en las manos del Padre, que nos guardan y nos dirigen, hasta que nos inunden  nuevo las claridades del día. Nuestra Alianza de Amor con la Madre  tres veces Admirable es la mejor  garantía de ello, siempre que nos mantengamos fieles a ella".
Respecto a las medidas de la Iglesia , en las que el Padre Kentenich veía las de la Providencia Divina, dice un poco más abajo en el mismo contexto: " Los tiempos son graves. Si suponemos que la Madre tres veces Admirable quiere realizar mediante nosotros su misión para esta época de una manera especial, nos toca tomas en serio las cosas. El que tiene una misión extraordinaria , tiene también que someterse a pruebas extraordinarias. El mundo y la Iglesia tienen derecho a exigirlas y a imponerlas. Los medios de que para ello se sirven no deben escandalizarnos aunque sean la deshonra , la injusticia y el ostracismo. Ellos necesitan la comprobación de la autenticidad y divinidad de la misión".
Como se ve no asoma el menor disgusto, el menor desengaño, y la menor amargura. El enfoque del Padre Kentenich es sobrenatural, una contemplación desde la fe y la esperanza en Dios. Su sabia serenidad y su calma interior, que llamaban la atención de cuantos se encontraban con él en el destierro, fueron tales que tampoco experimentó quebranto alguno su salud corporal . " "Personalmente me va bien" escribía a principios de enero de 1952 , a un antiguo colaborador en Roma. "Usted mismo sabe que la fe en la Providencia es el mejor remedio contra todos los achaques , y resulta doblemente eficaz, cuando el plan divino se destaca tan claramente sobre el trasfondo oscuro y cuando se trata de cosas tan grandes para el futuro de la Iglesia. Jamás contemplamos a Schonstatt separada de la Iglesia . También el sufrimiento, que muchos padecen ahora mismo por la Iglesia, tiene un profundo sentido en este contexto. Así se ven más cerca algunos acontecimientos del pasado de la Iglesia. Se aprende a ver con más fe lo divino tras lo humano y se comprende mejor todo lo que implica la audacia de la fe".....


Del libro:
José Kentenich
Una vida para el Iglesia
P. Engelbert Monnerjahn


































miércoles, 17 de octubre de 2018